Francisco, el Papa de la Iglesia del Compromiso y la Teología de Gutiérrez

By Juan Tomás Olivero Febrero 25, 2019 410 0

“Yo deseo que el hambre de Dios permanezca; que el hambre de pan se haga resolver… hambre de Dios sí, hambre de pan no” (Gutiérrez).

Ver a Gustavo Gutiérrez, principal teólogo y filósofo de la Teología de la Liberación, de cuya pregunta central se desarrolla todo este movimiento que da una nueva interpretación y visión del evangelio en la iglesia Latino Americana al interpelarse, a sí mismo, nos coloca en una nueva perspectiva pastoral. Su pregunta   “¿cómo decirle al pobre que Dios lo ama?”.

Se hace de imperativa obligación volver la mirada sobre la historia de Colombia y el 15 de febrero de 1966, cuando cae abatido luego de abandonar el sacerdocio y asumir la lucha armada, el precursor y cimentador de las bases de esta nueva reflexión teológica y de compromiso cristiano, pionero de la Teología de la Liberación, cofundador de la primera facultad de Sociología de América Latina en la Universidad Nacional de Colombia, Camilo Torres Restrepo, amigo entrañable de Gutiérrez. De forma profética, Gustavo Gutiérrez, visionó y dijo   con disgusto que lo distanció de Camilo por su decisión, cuando se despedía del amigo en un aeropuerto de Colombia, la forma de muerte que tendría: una bala te atravesará tu corazón.

Camilo Torres Restrepo fue abatido por el ejército colombiano apenas un año después, en su primer enfrentamiento armado, en el municipio de San Vicente de Chucurí (corregimiento de Patio Cemento, Santander).

El Evangelio en Juan 18,10-11, nos dice: Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. ¡Vuelve esa espada a su funda! —le ordenó Jesús a Pedro—. ¿Acaso no he de beber el trago amargo que el Padre me da a beber? Sin comentarios del autor de la columna.

Prometimos en nuestra entrega anterior dedicada a las reflexiones de Salvador Freixedo, de su texto “Mi Iglesia Duerme”, abordar en esta entrega los principales ejes temáticos de la reflexión Teológica de Gustavo Gutiérrez en su libro Teología de la Liberación; seguiremos el rigor y metodología de nuestra entrega anterior de transcribir con fidelidad la argumentación y tratamiento del enfoque del filósofo y pensador cristiano.

En este mismo tenor, sus propuestas teológicas se centran en la relación entre salvación, liberación y desarrollo; y en la opción preferencial por el pobre. En ese sentido, las dos preguntas fundamentales de su pensamiento son: (1) “¿existen dos órdenes paralelos –es decir, un fin autónomo y secular del ser humano, y una revelación sobrenatural–, de tal modo que el hombre se moverá en dos ámbitos del saber y de la vida completamente separados e independientes uno del otro? ¿O bien el ser humano, en su más profunda unidad como persona, es llamado por Dios a construir la vida individual y social religiosa y éticamente?”; y (2) “¿cómo decirle al pobre que Dios lo ama?”.

En ese marco evangélico, sus planteamientos siempre se han sostenidos críticos contra las estructuras sociales injustas que perpetúan la pobreza en América Latina y a las posturas conservadoras clericalitas al interior de la Iglesia. En el pensamiento de Gutiérrez se observará la realidad latinoamericana, como “signo de los tiempos”, fundamento y motor de la teología de la liberación, tal y como la entiende él. “La pobreza es para la Biblia un estado escandaloso que atenta contra la dignidad humana y, por consiguiente, contrario a la voluntad de Dios”.  En América Latina se vive un binomio no compatible. Mientras un pueblo profesa una inmensa fe en el Dios de vida, muere presa del hambre, la desnutrición, o la injusticia de un sistema hostil. Por un lado, hay hambre de Dios, por otra hambre de pan”

Quiero concluir esta entrega, no sin antes citar la Encíclica Populorum Progressio del Papa Pablo VI, en la que apenas concluido el Concilium Ecuménico Vaticano II, se llama a poner la iglesia al servicio de los pobres e invitarle a nuestra próxima entrega sobre los documentos de Medellín y la Iglesia Latinoamericana, cito el numeral 30 de esta encíclica y concluyo:

Tentación de la violencia (30). “Cierto es que hay situaciones cuya injusticia clama al cielo. Cuando poblaciones enteras, faltas de lo necesario, viven en tal dependencia que les impide toda iniciativa y responsabilidad, y también toda posibilidad de promoción cultural y de participación en la vida social y política, es grande la tentación de rechazar con la violencia tan graves injurias contra la dignidad humana”.

*Nota: la fuente de reconstrucción histórica Camilo-Gutiérrez, son tomadas del Libro Verde Camilo Torres, regalado al autor de esta columna por Fernando Torres, vinculado familiarmente a Camilo, mientras compartíamos el proceso de formación en el seminario(filosofado) Vicentino de Colombia y experiencia Pastoral en el Departamento de Guaranda, Corregimiento de Achí (Magdalena-Cauca), Colombia, 1978.

 

 

 

 

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